martes, 30 de octubre de 2018

Enric Gros: una campaña de herborización en Andalucía (1919)



       A mediados de la segunda década del siglo pasado se formó uno de los equipos más peculiar y efectivo de la botánica española. Era un trío formado por un recolector, un determinador y un organizador.
       Carlos Pau y Español (1857-1937) era el encargado de determinar las plantas en la rebotica de su farmacia de Segorbe (Castellón), aunque también herborizaba cuando podía. En esa época, era el mejor conocedor de la flora española, había conseguido formar el herbario más completo de España y tenía la biblioteca botánica más actualizada. Se consideraba deudor de Frederic Trèmols (1831-1900), botánico vocacional, que había sido profesor suyo de química en la Facultad de Farmacia de Barcelona, ​​y de Francisco Loscos (1823-1886), que lo guió y aconsejó en sus primeros tiempo como botánico desde su farmacia de Castelserás, en el Bajo Aragón. El ejemplo de este último, que terminó incomprendido y amargado, le mostró que la dedicación a la botánica debía mantenerse dentro de unos límites, pero esto no impidió que, aunque enfrentado con los botánicos que ocupaban cargos públicos en Madrid, estableciera una extensa red de corresponsales por toda España, ampliando así la que había "heredado" de Aragón por parte de F. Loscos. Asimismo, mantenía correspondencia con los más activos botánicos europeos. Entre sus corresponsales era famoso por su formalidad y concisión, espoleándolos siempre a trabajar más y con más rigor. De hecho, él es en buena parte el responsable, gracias a su insistencia, de que vieran la luz la Flora Descriptiva é ilustrada de Galicia (1905-1909) de Baltasar Merino (1845-1917) y la Flora de Catalunya (1913-1937) de Joan Cadevall (1846-1921).
       Pius Font i Quer (1888-1964) era el coordinador del grupo, se encargaba de la logística y, cuando podía, ayudaba a los otros dos. Químico y farmacéutico de formación, en 1911 había ingresado en el ejército como farmacéutico militar y alternaba su carrera militar con la de naturalista al servicio del Museo de Ciencias Naturales de Barcelona. Se reconocía discípulo de Joan Cadevall y pronto buscó también el apoyo de Carlos Pau, con quien mantuvo una relación larga y fructífera, hasta la muerte de éste.

      Enric Gros i Miquel (1864-1949), el recolector, había nacido en Franciac de la Selva, una aldea de Caldes de Malavella (Gerona), en una familia pobrísima y hasta los 20 años no aprendió las primeras letras. Según Font i Quer, en su juventud había "tastat múltiples oficis: captaire, vailet de pastor, bouer, boscater, carboner de bosc i de ciutat, segador, dallaire, taper, ...". Más tarde, ya con Cuba independiente, se fue a la Habana –parece que huyendo de algún lío como sindicalista–, se prestó a dejarse inocular por mosquitos infectados de fiebre amarilla y casi pereció en el empeño. Allí trabajó como ayudante de laboratorio, especializándose en el cultivo de larvas de mosquito y aprendió el uso del microscopio. Al retornar a Barcelona, ​​Odón de Buen (1863-1945), entonces catedrático de zoología, lo contrató como ayudante de prácticas en la Universidad, y como tal fue quien enseñó técnica microscópica al curso de Font i Quer. Después continuó su periplo por los Laboratorios de Biología Marina que de Buen fundó en Porto Pi y en Málaga. Cuando residía en esta ciudad, a través de Francisco Beltrán Bigorra (1886-1962), entró en contacto epistolar con Carlos Pau. Éste le encomendó la exploración de los alrededores de Málaga y quedó tan satisfecho que, en el trabajo donde publicó sus resultados, incluye la carta que le había remitido Enric Gros contándole las estrategias y dificultades que había tenido que afrontar. Y acaba Pau*: "Pocas palabras. Recomiendo a este "hombre singular" como escribió Loscos en caso parecido... pero ¿a quién? Fuí tan mal político, que jamás cultivé el trato de los dispensadores de prevendas y beneficios. Gros deberá salir de Málaga: hagan el milagro, aunque se aprovechen mis enemigos de enfrente. Denme ese disgusto." Quién recoge el reto es Font i Quer, que consigue que cuando se estaba constituyendo el Museo de Ciencias Naturales de Barcelona se contratara a Gros como recolector. Así, a finales de 1916, Gros, con 53 años, volvió a Barcelona y ya no cambió más de oficio hasta que, jubilado, se retiró a Calvià en Mallorca. Mientras tanto, recorrió solo o en compañía de Font i Quer, una buena parte de la Península Ibérica, Baleares y norte de Marruecos y los miles de plantas que reunió forman actualmente la base de las colecciones del Instituto Botánico de Barcelona.
            La fuente del viaje de hoy es la extensa carta que Gros envió a Pau, explicándole el desarrollo de la campaña de recolección por Andalucía en 1919, y que Pau –siempre falto de tiempo– insistió en publicar, también, como prólogo de su trabajo, argumentando: "con el fin de que se pueda apreciar con exactitud lo mismo su entusiasmo científico, que su estado psicológico, durante su molesta campaña.". El viaje se inició con la salida de Barcelona el 20 de abril, con considerable retraso sobre las previsiones por culpa de una huelga general, y lo dio por terminado al regresar a Ronda el 12 de julio. Lo acompañó, a partir de Málaga, Eugenio Estremera, que había sido su práctico años antes en esa ciudad, y sólo al final del viaje, en julio, cuando visita Ronda y la Sierra de las Nieves lo hará sin su compañía. El objetivo del viaje es la recolección de cualquier planta que esté en condiciones, pero especialmente las del género Sideritis, debido a que Font i Quer está preparando una monografía y ya le ha proporcionado una lista con las localidades conocidas en las que hay que herborizarlas.
 
Itinerario seguido a pie por Enric Gros y Eugenio Estremera
      Gros embarcó en Barcelona, con 180 kg de carga, hacia Málaga, donde llegó 6 días después, tras hacer escala en Valencia y Alicante. Durante los casi tres meses en que recorrió tierras andaluzas se desplazó entre el límite de la provincia de Granada por el Este hasta Medina-Sidonia en Cádiz por el Oeste y entre Los Barrios, cerca de Algeciras, por el Sur, hasta Ronda o la Sierra Tejeda hacia el Norte, recolectando tanto las zonas litorales como las sierras más destacadas. Así, recorre a pie casi todo el litoral, desde cerca de Almuñécar hasta Castellar de la Frontera, y sube a las sierras Tejeda, de Mijas, Marbella [Sierra Blanca], Bermeja y de las Nieves. Dedica muchos días a Sierra Bermeja y a Sierra Tejeda, donde las recolecciones, a pesar del año seco, son provechosas. En cambio, sale muy decepcionado de la Sierra de las Nieves, que es la que tenía más interés en conocer. En total, recorrieron a pie y cargados con las prensas para las recolecciones del día unos 800 km, aparte de los transitados en carruajes o en tren.
       Gros hace una descripción sencilla pero informativa del itinerario, trabajos e incidencias remarcables. Casi día a día cuenta el trayecto, el medio de locomoción y deja entrever la logística, realmente compleja, con las prensas y el papel de secar. Todo vale para los envíos en avanzada de prensas, vacías o llenas, hacia los lugares previstos de paso: tren, diligencias, arrieros. Explica también el secado de las plantas y las remesas de los paquetes con las ya secas hacia Barcelona. A menudo las pernoctaciones adquieren protagonismo, alguna vez aparece el nombre de la posada, pero también lo cuenta cuando la habitación es improvisada: estaciones de tren, cuevas, refugios de pastor. El estilo de la redacción es sencillo y alguna vez algo irónico y consigue transmitir –como dice Pau– el estado anímico del protagonista. En general, se desespera cuando las plantas están agostadas y ya no sirve de nada herborizarlas, pero en cambio soporta con cierta estoicidad cuando les cae algún chaparrón en la sierra que los obliga a regresar a la base, empapados y con el papel de las prensas inservible para unos cuantos días. Aunque cuando se encrespa es si las prensas no le llegan a tiempo a los lugares concertados. Les afectó especialmente la celebración de elecciones generales a finales de mayo, que se preveían muy reñidas, y en la que los arrieros se quedaron en casa para poder ir a votar; entonces la llegada de las prensas se retrasó cuatro días, en los que tuvieron que quedarse más o menos inactivos en Málaga. Del mismo modo, muestra su preocupación por los gastos que hace, sobre todo si considera que las plantas colectadas no lo compensan. A lo largo del relato también va explicando, cada vez con más pesar, como empeoran sus problemas de visión, que incluso le hacen plantearse abandonar y regresar a Barcelona; evidentemente, la alegría es total cuando la dueña de la posada de Yunquera consigue curarlo, aunque nos quedamos con las ganas de conocer el remedio.
 
El pinsapar de la Siera de las Nieves hoy día (A. Rivas)
      Las descripciones que da del medio son concisas y precisas. Generalmente indica los materiales geológicos y los nombres vulgares de las plantas más características que conforman el paisaje, aunque de vez en cuando también aparece algún nombre científico: Lavandula, Erica, Cistus, en los que diferencia varias especies. También señala aquellas plantas que le parecen más interesantes o incluso deja escrita alguna observación de tipo corológico o taxonómico. Pero lo que más conmueve es leer su alegato final a favor de la conservación de los bosques de pinsapo de la Sierra de las Nieves, que tanto le han impresionado por su grandiosidad y que se encuentran dañados por el sobrepastoreo. A pesar de que ya hacia 1870 la Sociedad Malagueña de Ciencias había pedido al ministerio correspondiente que la sierra fuera declarada Parque Nacional por sus valores paisajísticos, Gros constata la degradación –de hecho tiene que volver con las prensas casi vacías– y apunta a los culpables: los administradores forestales, que con su negligencia permiten pastar más de tres mil cabezas de ganado donde apenas caben quinientas. Y también hace uno de los primeros recuentos de reclutamientos de pinsapo, comprobando que el problema no es la falta de plantones, sino que están "esperando seguramente el momento de ser decapitados por la primera cabra que pase".  
       No menos de una quincena de plantas, algunas híbridas, llevan epítetos específicos que honran y recuerdan "aquest home extraordinari, devot apassionat de la ciència, humilíssim, treballador incansable, noble, lleial i honrat a més no poder" **.

Enric Gros. Prólogo. p. 7-16. In: C. Pau (1922). Nueva contribución al estudio de la Flora de Granada. Memòries del Museu de Ciències Naturals de Barcelona, sèrie botànica 1(1): 1-74 + X lám. [Disponible en Biblioteca digital del RJB]


* Carlos Pau (1916). Contribución al estudio de la flora de Granada. Treballs de la Institució Catalana d'Història Natural 1916: 195-227. [Disponible en Biblioteca digital del RJB]
** Pius Font i Quer (1953). Història de dos botànics catalans. Anuari de l'Institut d'Estudis Catalans de 1953: 21-45.