jueves, 27 de febrero de 2020

Roger Heim, un micólogo en el infierno (Mauthausen-Gusen, 1944-1945)




“Voilà ce que fut notre vie. C’est dans cette réalité hallucinante que notre moral s’efforçait à trouver un élément d’espérance. Et beaucoup d’entre nous le saisissait, cet indice fragile, avec la foi d’une énergie folle, incompréhensible. Ainsi est fait le merveilleux mécanisme de l’être humain, de cet être que des milliers de siècles semblent avoir achevé et que les nouveaux Barbares ont voulu anéantir. Mais ils n’ont tué que le corps, non pas l’esprit.”




             Lasciate ogni speranza, voi ch'entrate, es la leyenda que según el poeta figura en la puerta del infierno. Du Kommst, Niemals Raus es la bienvenida, grabada en granito, en la entrada del campo de Mauthausen. A veces la peor de las pesadillas se convierte en la realidad cotidiana. Y aunque despertar parezca imposible, hay quien lo consigue y es capaz de reconstruir su vida.

            Roger Heim (1900-1972) tenía un brillante futuro por delante a finales de los años 30 del siglo XX. Ingeniero químico de formación, pronto se interesó por los hongos, defendiendo su tesis doctoral sobre el género Inocybe en 1931. El año 1933 ya era subdirector del Museo Nacional de Historia Natural de París y trabajaba sobre rusulales de Madagascar y agaricales asociados a termitas africanas. Antes, en 1932,  había realizado una estancia de un mes en Cataluña, trabajando en el marco de las actividades del Plan Micológico Quinquenal elaborado por Pius Font i Quer (1888-1964) y sus resultados aparecieron en la revista Treballs del Museu de Ciències Naturals de Barcelona de 1934. Se había casado en 1935 con la micóloga rumana, especialista en citología, Panca Eftimiu y ya tenía un hijo.

            Pero todo se tambaleó con la invasión de Francia por los alemanes. Colaborador de la Resistencia desde 1942, fue delatado y detenido al año siguiente, y estuvo internado en varios campos franceses, hasta que fue deportado al campo de selección de Buchenwald (enero-febrero de 1944), después transferido a Mauthausen (febrero-marzo de 1944) y finalmente internado en el campo de Gusen, subsidiario de éste, y especializado en el exterminio de las élites de los países conquistados, donde trabajaban en la extracción de granito en la cantera del campo. Sobrevivió al día a día y también a las matanzas finales del mes de abril de 1945, cuando los franceses de Gusen salieron y caminaron los 5 km que los separaban de Mauthausen, donde en teoría los esperaban los camiones de la Cruz Roja. Pero no hubo camiones para todos y tuvieron que esperar diez días en Mauthausen sin comida y a la intemperie y, cuando ya los iban a gasear, entraron los primeros tanques ligeros americanos gracias a la decidida intervención del delegado de la Cruz Roja Internacional, el suizo Louis Haefliger.

            Terminada la Guerra, impartió cuatro conferencias relatando parte de sus experiencias y reflexiones, que recogió en una publicación de 1947. Las dos primeras fueron pronunciadas en mayo y noviembre de 1945, en el Museo Nacional de Historia Natural y en la Sorbona respectivamente, y la tercera, de junio de 1946, es en una ceremonia en memoria del Padre Jacques de Jésus, uno de los benefactores, dentro del campo, de la comunidad francesa y que moriría poco después de la liberación debido a una neumonía. En ellas explica las condiciones de organización y trabajo del campo, señalando las diferentes alternativas que conllevaban la muerte y también los requisitos necesarios para sobrevivir. Y todo con la descripción de numerosos casos, conocidos de primera mano o vividos por él mismo, de hasta dónde puede llegar un ser humano para sobrevivir. No relata gran cosa sobre su situación personal, tan sólo menciona de pasada que fue sujeto de algún experimento médico y explica algunas de las rutinas diarias. Pero lo que sí que hay son numerosas reflexiones acerca del porqué de todo aquello, intentando comprender como los guardias del campo podían aplicar un programa sistemático pensado para aniquilar cualquier esperanza no dejarlos tranquilos ni un momento, acoso y desgaste constante, pero sin mostrar la más mínima empatía, ninguna compasión, por el sufrimiento de otro ser humano; más bien todo lo contrario, una crueldad gratuita, incluso sadismo.      

            La cuarta conferencia es de enero de 1947, en una manifestación organizada por la "Federación Nacional de los Deportados e Internados Resistentes y Patriotas". Es breve, pero pesimista y es la que, leída hoy en día, tal vez sobrecoja más, pues en ella se muestra completamente contrario no sólo al olvido, sino que también explicita la desconfianza de que el pueblo alemán se pueda disociar del nazismo, afirmando que la democracia es incompatible con el temperamento alemán. Sorprendentemente, personaliza sus ataques en Kurt Schumacher, socialdemócrata alemán que había sido arrestado e internado en varios campos de concentración desde 1933, y que el año antes había conseguido llegar a Secretario del SPD; fue el jefe de la oposición a los gobiernos conservadores de Konrad Adenauer hasta el año 1952, en que murió. A la vista de este escrito, una posible interpretación del título del libro, La sombre route, ciertamente ambiguo, es que se refiera al futuro. 

        Aunque en algún punto se vislumbre el origen más o menos "mitinesco" de los textos, está muy bien escrito y la lectura es fluida [siempre que las lágrimas del lector lo permitan]. A diferencia de otros relatos sobre los campos de concentración, nada está novelado, sólo aparece la realidad vivida y las reflexiones personales del autor. Su punto de vista es muy francés, raramente habla de las relaciones con prisioneros de otros países se entrevé una cierta admiración por los rusos, un cierto menosprecio hacia los polacos, pero el tema recurrente es intentar entender la relación de los alemanes en general con el genocidio. Estaba asumido no esperar ninguna piedad por parte de las tropas de los S.S., pero es de más difícil comprensión la indiferencia de las tropas de la Wehrmacht o la de los kapos de los barracones. Resalta a menudo la importancia de conservar la esperanza, a pesar de que todo el sistema estaba diseñado precisamente para eliminarla. Especialmente doloroso es el relato de las consecuencias de los bombardeos aliados sobre la cercana ciudad de Linz durante los meses finales de la guerra, en la que se mezclan la esperanza de un final próximo y la exigencia de superar una nueva prueba física que puede ser la última: a cada alerta de ataque debían correr unos 1.500 m para entrar en los túneles excavados en la montaña, esquivando los bastonazos y perseguidos por los perros. También estremece cuando explica las muertes por empacho con las raciones de la Cruz Roja una vez han sido liberados.

            Y una constatación: en el infierno no hay hongos, ni plantas. O al menos ni siquiera los botánicos mejor preparados son capaces de prestarles la más mínima atención, empeñados como están en sobrevivir conservando, a ser posible, un mínimo de dignidad humana. La única referencia dentro del campo es cuando explica que recoger a la carrera unas pocas hojas de cerrajas o dientes de león puede representar la posibilidad de vivir un día más. Antes, durante los primeros días en Mauthausen, le había sorprendido el espacio ajardinado en la entrada del campo. Después, en el trayecto final de Gusen a Mauthausen, se maravilla al contemplar los árboles frutales y las primeras hierbas de la primavera en flor.

            Miembro de la Académie des sciences desde 1946, fue Director del Muséum nationale d'histoire naturelle entre 1951 y 1965. En 1955 publicó un libro de viajes muy diferente de éste [Un naturaliste autour du monde] en el que contaba sus impresiones y algunas anécdotas de los países que había visitado como científico, y en el que ya también explicitaba su interés en la conservación de la naturaleza. Antes, en 1948, había sido uno de los fundadores de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN) de la que sería presidente entre 1954 y 1958, y en 1952 su libro Destruction et Conservation de la nature fue uno de los primeros intentos de concienciar al público en general sobre esta problemática. También fue el promotor y autor del prólogo de la traducción al francés de Silent Spring (1962) de Rachel Carson (1907-1964), que puede considerarse el punto de partida de la concienciación popular a favor del movimiento ecologista en Occidente. A partir de 1952 estuvo especialmente interesado en los hongos alucinógenos y junto con Robert Gordon Wasson (1898-1986) y Albert Hoffman (1906-2008) escribió alguno de los libros fundamentales sobre este tema, así como numerosos artículos sobre cultivo, taxonomía y composición química de estos hongos.           

            No menos de media docena de géneros de hongos llevan epónimos basados en su nombre.

           Era miembro de la Amicale de Mauthausen, de la que fue Presidente entre 1971 y 1979. Siempre llevó en la cartera una fotografía donde se le veía, esquelético y demacrado, cuando las fuerzas aliadas liberaron el campo de Mauthausen.



Roger Heim. 1947. La sombre route. José Corti, Paris. 99 p.

lunes, 30 de diciembre de 2019

Joan Salvador y los hermanos Jussieu: viaje por España y Portugal (1716-1717)


Lo dia 8 [abril 1717], dijous, partirem de la Miallada... Després, anant muntant, arribàrem, després d’haver fet una lleuga bona, al convent de Santa Cruz de Busaco. Dit convent és lo desert dels pares carmelites descalços. Nos refusaren l’entrada perquè no teníem ordre del provincial, però després, donant una caritat ab títol de benefactors, nos deixaren entrar. Lo convent està circuït d’una muralla. Puja fins al més alt de la muntanya de Busaco, ab molt bosc [i] algunes cascades d’aigua. Hi ha molts "azereiros", alguns plàtanos, però sobretot del Cupressus lusitanica, patula fructu minori, que anomenen "cedros" (vide Grisley Vivi. In Epist.), los quals deuen ésser vinguts de les Isles Terceres. Se fan arbres molt alts, i són encara los primers que plantaren, però vui passen de mil arbres los que hi ha. Se compten onze ermites, a on habiten religiosos, i també molts oratoris dels passos de la passió, a on hi havia les figures, cosa molt mal feta. En dit convent habiten vint-i-quatre religiosos, a on no mengen sinó peix sec, i guarden silenci. En cada celda hi h un petit jardí. En fi, després de dues hores passat migdia, partirem. I passant per altre camí, passàrem per un altre llogaret anomenat Vacarissa, i després haver fet una lleuga bona tornàrem a Miallada. I en arribar, partirem, i anant per bon camí ab moltes oliveres, després de dues lleugues, arribàrem, a entrada de fosc, a una vila anomenada Avelans do Caminho, cerca de Coimbra, i altres viles de la província de Beyra. Se mengen molts llobins, primerament remullats, per llevar-los l'amargor.





            Cuando Joseph Pitton de Tournefort (1656-1708) muere repentinamente en plena madurez, Guy Crescent Fagon (1638-1718), el iconoclasta, hiperactivo y ahora ya todopoderoso superintendente del Jardin du Roi de París, repite la jugada que tan bien le había salido 27 años antes, cuando lo nombró profesor de botánica. Ahora el elegido es otro joven, de 23 años, recientemente doctorado en medicina en Montpellier y desconocido, pero también discípulo, como Tournefort, de Pierre Magnol (1638-1715), apenas recién llegado a París, y a quien sólo conocía de verlo dos o tres veces por el Jardín del Rey con sus paquetes de plantas. Antoine de Jussieu (1686-1758) había ido a París para conocer a su admirado Tournefort y para asistir a sus clases, pero el fatal accidente que le provocaría rápidamente la muerte hizo que la relación fuera muy breve. Y, sorprendentemente, lo sustituye.


Fagon había sido el impulsor de la figura del botánico-informador –espía dirían otros que recorre tierras extranjeras y emite informes más o menos confidenciales. El caso más exitoso fue precisamente el viaje de Tournefort a Oriente, pero también lo había intentado enviando a Charles Plumier (1646-1704) y Louis Feuillée (1660-1732) a América. Es de suponer que tras la Guerra de Sucesión a la Corona española, con un sobrino del rey de Francia en el trono de España, la situación era propicia y la tentación irresistible. Así, entre octubre de 1716 y mayo de 1717 una expedición organizada por la Academia de Ciencias de París, bajo los auspicios del rey de Francia, y dirigida por Antoine de Jussieu, entonces demostrador de plantas en el Jardin du Roi, recorrió España y Portugal con el objetivo oficial de recoger plantas y hacer observaciones sobre la flora y la vegetación. Además de Antoine de Jussieu, iban Philippe Simoneau (1685-1753), dibujante y grabador de la Academia y Bernard de Jussieu (1699-1777), estudiante de medicina y hermano pequeño de Antoine. En Barcelona se añadió Joan Salvador i Riera (1683-1726), el primogénito de la tercera generación de la ilustre estirpe barcelonesa de boticarios y naturalistas. El abuelo, Joan Salvador i Boscà (1598-1681), farmacéutico, probablemente influenciado por su hermano mayor, que había estudiado con Francisco Micó (1528-1592), inició las colecciones y la biblioteca y estableció correspondencia con muchos de los botánicos de su tiempo, entre los que destaca la relación con Jacques Barrelier (1606-1673), a quien había alojado en casa en una estancia en Barcelona durante la Guerra de los Segadores. El padre, Jaume Salvador i Pedrol (1649-1740), también boticario, ya había estudiado botánica en Montpellier con Pierre Magnol. El año 1680 recibieron en su casa de Barcelona a un joven Joseph Pitton de Tournefort, recién  licenciado en Montpellier, al que habían asaltado y desvalijado en los Pirineos; lo acompañó en su primer gran viaje hispánico hasta Valencia, estableciéndose entre ellos una fuerte amistad; continuó agrandando el herbario y la biblioteca y se relacionó con los principales botánicos europeos.
Joan Salvador i Riera (1683-1726) [de Viquipèdia]


Joan Salvador i Riera estudió también en Montpellier (1704-1705) donde coincidió y probablemente conoció A. de Jussieu y en París (1705). En la capital se alojó en casa de Tournefort y antes de regresar a Barcelona, ​​a finales de 1706, aun estuvo viajando por Italia. Más tarde, desde mediados de 1711 hasta primeros de 1712 exploró Mallorca y Menorca. Ya de vuelta en Barcelona, ​​es cuando recibe la invitación de Antoine de Jussieu para incorporarse a la expedición de exploración de España y Portugal. El viaje empieza en Barcelona, ​​en Cataluña pasan por Montserrat, Manresa, Santa Coloma de Queralt, Poblet, Scala Dei, el Perelló, Tortosa y entran en Valencia por Vinaròs. A grandes rasgos, continúan hacia Valencia, Gandia, Alicante, Murcia, Málaga, Sevilla, Elvas, Lisboa, Ponferrada, Madrid y vuelta a Barcelona por Zaragoza y Lleida. De los casi siete meses de viaje, estuvieron cerca de uno por Cataluña y Valencia, uno y medio por Andalucía, cerca de tres en Portugal y casi uno por León y Castilla.


El texto publicado lo estableció Ramon Folch Guillén a partir de tres manuscritos: el dietario entero del viaje de Joan Salvador, la copia "en limpio" que hizo el mismo Joan Salvador al regresar a Barcelona, donde a menudo modifica y amplía algunos de los párrafos del cuaderno de viaje del que tan sólo se conoce la parte entre el 30 de octubre y el 30 de diciembre, y una copia parcial de la versión en limpio, hecha probablemente por el abad Pourret, que va desde el 7 de octubre hasta el 1 de noviembre. De resultas, la descripción del viaje hasta el 30 de diciembre, en Sevilla, en general es más rico en detalles, mientras que el resto es más esquemática. Todos estos manuscritos se encontraban entre los materiales del Museo Salvador, depositado en el Jardín Botánico de Barcelona, pero de donde, según Ramon Folch*, desaparecieron de la Biblioteca Salvador posteriormente a la publicación de su trabajo.
Principales ciudades por donde discurrió el viaje y fechas [de Folch, 2014]


            El diario de viaje es básicamente geográfico, descriptivo de los lugares por donde pasan y donde se alojan, en el que se indican distancias entre poblaciones y cultivos, y con pinceladas sobre el paisaje; tan sólo de vez en cuando se refiere a las plantas o la vegetación o da noticia sobre las costumbres locales: antropología, indumentaria, gastronomía ... La información sobre las grandes ciudades (Valencia, Granada, Sevilla, Lisboa, Madrid... ) es más extensa y detallada, destacando sobre todo la extensión y algunos detalles de su estancia en Granada. La rutina diaria que nos presenta es siempre muy parecida: pernoctar en algún poblado y a la madrugada siguiente oír misa si pueden, caminar hasta llegar a algún hostal donde puedan comer y luego continuar haciendo camino hasta el atardecer. Cuando están en las ciudades, indica los principales monumentos generalmente iglesias que visitan o señala los personajes más o menos prominentes que visitan, aunque siempre son anotaciones esquemáticas pero informativas. En general, ofrece la imagen de un país empobrecido y hambriento, con los caminos inseguros y con unos viajeros que a menudo no encuentran lugar para dormir o nada para comer. También es verdad que deja constancia de la excepción: “... nos quedàrem a dormir en una casa de pagès de Bartholomé Assienzo. “Y el territorio se llama El Cabecito de Fratil”, i són de la parròquia de Lorca, encara que [en] dista més de quatre lleugues. Fórem molt ben tractats, donant-nos llomillo i altres de tocino per a menjar. Feia fred i dormírem prop lo foc, tenint abundància de llenya”. En general, en Cataluña y Valencia los destrozos de la guerra aún son evidentes. A modo de ejemplo, transcribimos el día de la llegada a Lleida: "Lo dia 26 [maig], dimecres, partírem de Fraga. Poc després, a on hi ha una fita, és la separació d'Aragó i Catalunya. Entràrem en l'última. Passàrem Alcarràs, molt derruït. I havent fet quatre grans lleugues passàrem baix Gardeny, i després entràrem en Lleida, a on estiguérem tota la tarda. Passa el Segre. La ciutat, molt destruïda. Los canonges oficien en Sant Llorenç".


            Joan Salvador i Riera mantuvo la relación con los Jussieu, sobre todo con Antoine, y también con otros botánicos europeos, entre los que destaca el holandés Herman Boerhaave (1668 a 1739). Parece que llegó a escribir un Botanomasticon Catalonicum del que hoy día tan sólo conocemos el título. Con su muerte, relativamente joven, comenzó la decadencia de la estirpe. Su padre le sobrevivió y su hermano Josep (1690-1761) aún herborizó y continuó manteniendo las relaciones epistolares con los botánicos europeos, pero destacó sobre todo por ordenar y mantener el gabinete de historia natural de la familia. Éste, durante los años posteriores y hasta bien entrado el siglo XIX, sería lugar de visita obligada para los naturalistas europeos de paso por Barcelona.


            En cambio, el linaje de los Jussieu inició aquí su engrandecimiento, que los llevaría a dominar la botánica parisina hasta bien entrado el siglo siguiente. Antoine, en 1714, ya se había encargado de la edición de la obra póstuma de Jacques [Jacobus] Barrelier (1606-1673) [Plantae por Galliam, Hispaniam te Italiam observatae ...]; como resultado del viaje por España y Portugal publicó en las memorias de la Académie des sciences varios trabajos referentes a industrias españolas "estratégicas", como exportadoras hacia Europa de productos valiosos: uno sobre la naturaleza y extracción del yeso de Almazora, otro sobre la explotación del cinabrio en las minas de Almadén y el tercero, sobre la elaboración de la barrilla o sosa de Alicante. Parece que la Academia le recordó alguna vez su compromiso de publicar la lista de plantas del viaje, pero otras actividades la aclimatación del café, el estudio del caucho o la búsqueda de antipalúdicos, entre otros requirieron siempre su atención prioritaria. Bernard, estudió medicina y compaginó su práctica con la botánica, fue nombrado profesor de botánica a partir de 1722 y, aunque publicó muy poco, sus ideas sobre la clasificación de las plantas, basada en caracteres morfológicos y embrionarios, quedaron plasmadas en la ordenación de las plantas del jardín del Trianon de Versalles. El hermano pequeño, Joseph (1704-1779), una vez licenciado también en medicina viajó a América como botánico de la expedición de La Condamine de 1735, pero al finalizar no retornó a Francia, sino que se quedó en América del Sur hasta su regreso en 1771, ya muy enfermo, y sin los manuscritos ni las colecciones botánicas, la mayor parte de las cuales se perdieron. El sobrino de todos ellos, Antoine-Laurent de Jussieu (1748-1836), desarrolló las ideas de su tío Bernard sobre clasificación de plantas, adoptando de forma consistente el concepto de familia; su obra Genera plantarum secundum ordines naturales deposita ... (1789) es la base de los sistemas naturales de clasificación de plantas, que rigieron hasta bien entrado el siglo XX. Su hijo, Adrien de Jussieu (1797-1853), profesor del Museo Nacional de Historia Natural, profundizó en el estudio de algunas de las familias de plantas y fue uno de los impulsores de la geografía botánica.


            El epónimo Salvadora honra la familia Salvador. Lo creó el botánico suizo nacido en Grenoble Laurent Garcin en 1749, en memoria sobre todo de su amigo Jaume Salvador, con quien había colectado por los alrededores de Barcelona antes del asedio de la ciudad de 1713.


                                                                                      
Joan Salvador (edició a cura de Ramon Folch i Guillén, 1972). Viatge d'Espanya i Portugal (1716-1717). Edicions 62, Barcelona. 105 [+ 4] p.

* Ramón Folch (2014). Botánica para después de una guerra. El viaje de Joan Salvador i Antoine de Jussieu por España y Portugal. Mètode Science Studies Journal 4: 125-131. [https://metode.cat/wp-content/uploads/2013/12/79CA2_botanica_despres_guerra.pdf]



jueves, 31 de octubre de 2019

Mary S. Young: una botánica, un joven, dos burros y un desierto (Trans-Pecos, 1914).




“AUGUST 16
Another Sunday. We finished our last bit of bacon this morning, and our hominy. Carey brought up a lot of ripe and unripe peaches and it would not look well to write down how many we ate. So many, however, that we got along with nothing else for dinner but beans. This sounds like the diary of someone on an arctic expedition. The interesting item each day is how much food there is left. I want, if I can without starving Carey, to make it last over Tuesday so we can drive over to Livermore region Monday night and camp, and let me do a little more collecting.”

           Ser la pequeña de ocho hermanos y la única chica, en el caso de Mary Sophie Young (1872-1919), parece ser que fue un buen entrenamiento para enfrentarse a cualquier contingencia. Había nacido en Ohio, hija de un pastor episcopaliano. Terminado el bachillerato en 1895, se dedicó a la enseñanza, ejerciendo por varios estados. Al mismo tiempo, estaba matriculada por correspondencia en la Universidad de Chicago, donde obtuvo un Ph. D. en botánica en 1910 y donde publicó varios trabajos sobre morfología de plantas. Ese mismo año se incorporó como botánica en la Universidad de Texas y, en 1912, ya tenía a su cargo un curso de taxonomía y era la conservadora del herbario de la Universidad. Desde este cargo se dedicó a explorar y recoger plantas en los alrededores de Austin, tanto para incrementar el Herbario como para intercambiar material con otras instituciones. Pero su zona de exploración preferida fue el área de Trans-Pecos, adonde se trasladó en los periodos no lectivos de los veranos de los años 1914 al 1918, con la excepción del año 1917, cuando se desplazó más al norte, para explorar Palo Duro Canyon, en la región de Panhandle, cerca de Amarillo.

           

            Trans-Pecos es como se denomina en Tejas el territorio al occidente del río Pecos, con el Río Grande como límite meridional y occidental; comprende unos 16.000 km2 y corresponde a la parte tejana del desierto de Chihuahua. A comienzos del siglo XX era un territorio despoblado más o menos como hoy día, si se excluye la población de El Paso y bien desconocido desde el punto de vista botánico. Y es aquí donde decidió dirigirse Mary S. Young para recolectar plantas durante los veranos de 1914-16 y 1918. Durante el primer año llevó un diario personal con el día a día, anotando eventos y pensamientos con gran libertad, parece ser que sin ninguna intención de difundirlos. Los publicó, aunque 48 años después, su colega en el Departamento de Botánica Benjamin Carroll Tharp (1885-1964).

 

Mary S. Young y Carey Tharp [Tharp & Kielman, 1962]

            El año 1914, acompañada de un joven de 17 años, Carey Tharp estudiante de matemáticas y hermano pequeño de su colega Benjamin, llegaron en tren a Marfa, donde compraron dos burros y suministros para comer. Armados con dos pistolas un Colt automático del 25, que era el que ella llevaba en Austin cuando regresaba a casa por la noche, y un revólver del 22 de cañón largo y una caja de herborizar, se fueron hacia el desierto. El relato comienza el día 2 de agosto, cuando llegan a Marfa en tren desde Austin y se detiene el 15 de septiembre, cuando están volviendo en diligencia desde Candelaria hacia Valentine, donde hay que suponer que toman el tren de regreso. El objetivo era explorar las montañas Davis, al norte de Marfa, y el valle de Ruidosa Hot Springs, al oeste, muy cerca del Río Grande.

Mary Young con los burros y el carruaje [Tharp & Kielman, 1962]


            El primer día, incluso antes de salir de Marfa, ya se les había volcado la carga de los burros y aunque intentan arreglarlo, no hay manera de enderezarla. La escena debía ser bastante cómica, hasta el punto en que una familia que vivía en las últimas casas del pueblo se apiadan y les ayudan a conseguir un pequeño carruaje, una especie de calesa de dos ejes, con asiento frontal y sin cubierta, que pueden tirar los burros. Las montañas Davis están a unos 35 km. La adaptación al medio es rápida: los primeros días ya hay que dormir bajo las estrellas y coger el agua de ríos y pozos, algunos embarrados; pero lo más difícil es dirigir los burros, que todo el tiempo hacen honor a su mala fama. El día 6 llegan a un valle al pie de las montañas, y se instalan en una barraca de adobe abandonada hace tiempo. Será su campamento base en la exploración de los alrededores y en sus intentos de llegar al pico Livermore, que con casi 2.500 m es uno de los más altos de Texas aunque la plataforma de Marfa, sobre la que se levanta, está a unos 1.500 m de altitud. Durante la segunda quincena de agosto hacen tres intentos de acceso al pico, pero el desconocimiento del terreno, la ausencia de senderos y la serie de valles y acantilados les impiden llegar a la cima, aunque en el segundo intento se quedan muy cerca, aunque han de retroceder por una tormenta. La zona es interesante paisajísticamente, con agua en los arroyos y bosques de robles en las montañas, y con sabinas y pinos esparcidos y las recolecciones son provechosas. También tienen encuentros repentinos, un día con un oso negro joven que huye a toda prisa, otro con una serpiente de cascabel que acaba matando. Entretanto, los días que permanecen alrededor de la barraca, ella se dedica a secar las plantas y herborizar por los alrededores, mientras que Carey se aplica todo el tiempo a los ejercicios de matemáticas, que debe enviar a la Universidad en septiembre.



            El día 1 de septiembre abandonan la barraca e inician la marcha hacia el valle de Ruidosa Hot Springs, donde llegarán el día 4. Después de encontrar todo el camino lleno de barro, hacen una primera parada en el pueblo de Valentine, donde se aprovisionan y pueden reemplazar los zapatos y la ropa de Carey, ya muy dañados. Continúan hacia Candelaria, a orillas del Río Grande, pero se les pone a llover a cántaros y como bajo la calesa también se mojan, deciden seguir adelante a pesar de la lluvia. Hacia el anochecer llegan a un rancho, donde un mejicano les da de comer y el propietario, confundiéndolos con buhoneros, les deja dormir en el establo con las vacas. En Candelaria alquilan una tienda de campaña y se van hacia el valle de las fuentes termales. Allí instalan la tienda cerca del río, arreglan una charca de agua para bañarse, y se tratan con algunos de los termalistas, temporales o más o menos permanentes, de los alrededores.

 
Ruta de ida, de unos 200 km, entre Marfa y Ruidosa Hot Springs. El regreso fue en diligencia desde Candelaria [de Google Earth]

            El diario presenta entradas casi a diario, relatando los acontecimientos cotidianos, extraordinarios o no, pero también incluye reflexiones y pensamientos. El estilo es concreto, a menudo gracioso, nunca perdiendo la oportunidad de reírse de sí misma o de su compañero, sobre todo cuando ella se obsesiona con la merma de las provisiones, describe sus peleas con los burros o comenta los encuentros con diferentes animales. Pero también se emociona con los paisajes y los silencios que los rodean. Y también explica las labores del hogar cuando toca coser alguna pieza de ropa, cocinar o hacer la colada. La comida, o más bien hay que decir la obsesión por su escasez, es uno de los temas recurrentes del relato mientras están en las montañas Davis. Al aprovisionamiento inicial en Marfa –harina y sémola de trigo y de maíz, cerdo salado, frijoles, mantequilla, pan..., añaden unos pocos víveres que les venden en alguno de los ranchos por donde pasan, pero no sin hacerse de rogar: harina, azúcar, café, arroz, cerdo salado. La mantequilla y el pan ya desaparecen los primeros días, cuando una noche unos caballos medio salvajes saquean su despensa. En cambio, pueden cocinar algún conejo, y también lo intentan con alguna ardilla de tierra y con una especie de liebre pequeña, pero parece que la experiencia gastronómica es más bien frustrante. El viaje desde las montañas Davis hasta Ruidosa Hot Springs es dificultoso por culpa de la lluvia y el barro, pero el humor sigue haciendo acto de presencia. También sorprende la descripción que hace de los personajes con que se encuentran, siempre breve y esquemática, pero también siempre una excusa para hacer aparecer una sonrisa en el lector.



            El diario publicado lleva numerosas notas a pie de página, aclaratorias de las circunstancias del viaje. Son obra de Benjamin C. Tharp y Chester V. Klieman y mayoritariamente son precisiones sobre topónimos o personajes que se mencionan en los diarios, en un intento de poder reconstruir, hacia el 1960, lo más fielmente posible la ruta de 1914. Benjamin también recurre a los recuerdos de su hermano Carey o de algunos de los protagonistas o de sus descendientes, para complementar o acotar algunos apuntes del diario.



            A Mary Sophie Young le detectaron un cáncer en febrero de 1919 y murió al mes siguiente. Durante la expedición de 1914 hizo 391 colecciones, y en los poco más de seis años que estuvo a cargo del herbario, éste pasó de los 2.500 números a los 16.000. Sus dos libros, sobre las claves y el catálogo de la flora de los alrededores de Austin, publicados póstumamente, han estado en circulación y uso durante muchos años.



Tharp, B.C. & Ch.V. Kielman (1962). Mary S. Young's Journal of Botanical Explorations in Trans-Pecos Texas, August-September, 1914. Texas State Historical Association. The Southwestern Historical Quarterly 65(3): 366-393; 65(4): 512-538. [Se puede leer en JSTOR]