jueves, 30 de abril de 2020

Miguel Colmeiro: viaje alrededor de una biblioteca (Madrid, 1858)



El honor nacional y el interés de la misma ciencia exigen, á la vez que lleguen á ser mas conocidos nuestros escritores naturalistas, tanto antiguos como modernos, no tan escasos ni insignificantes como muchos creen. La Botánica particularmente debe á España importantes trabajos, que han contribuido notablemente á sus progresos dentro y fuera de la Península. Enumerarlos metódicamente y procurar que de ellos se forme justa idea es el objeto de este escrito, fruto de investigaciones un tanto fatigosas, iniciadas á impulso del amor patrio, y seguidas con perseverancia de tiempo en tiempo, debiéndola en parte á las excitaciones de personas amantes de la ciencia, algunas extrañas á nuestro suelo.



            Entre los botánicos, hay unos cuantos que, por no dejar de coger plantas, no han tenido tiempo de escribir casi ni una línea, pero también hay alguno que parece que por no dejar de escribir no ha tenido tiempo de coger plantas. Este segundo modelo se ajusta al caso de Miguel Colmeiro y Penido (1816-1901), uno de los personajes más influyentes en la botánica española de la segunda mitad del siglo XIX, importante bibliófilo y prolífico autor con fama de erudito.

            La valoración de sus aportaciones siempre ha sido controvertida. Su discípulo Blas Lázaro Ibiza (1858-1921) destacó sobre todo su contribución en la introducción en España del método natural frente al sistema linneano y parece que, en vida, su obra fue apreciada por otros botánicos extranjeros. Así, por ejemplo, cuando el ginebrino George Reuter (1805-1872) crea 1843 el epónimo Colmeiroa para homenajearlo, señala que era "connu par un intéressant mémoire sur l'histoire de la botanique en Espagne" *. O cuando hace lo mismo, años más tarde, en 1871, el australiano Ferdinand von Mueller (1825-1896) la especie es Colmeiroa carpodetoides F. Muell. [Corokia carpodetoides (F.Muell.) L.S. Sm.], un endemismo de la isla Lord Howe, la dedicatoria dice: "Plantam dicavi praeclaro Michaeli Colmeiro..., plurim voluminum phytologicorum valde eximiorum auctori optime noto".

  
M. Colmeiro, con unos 50 años [Wittrock in Acta Hort. Ber. 3, 3. 1905]
         
Por parte de los críticos, a menudo se ha argumentado que no respondía con reciprocidad a quien consideraba inferior en estatus y que ejercía todo el poder que le conferían sus cargos de una forma muy personal e interesada. Más concretamente, se ha dicho que todas las herborizaciones para su obra sobre la flora de Cataluña las había hecho en el herbario de los Salvador [Norbert Font i Sagué], que los cinco volúmenes que publicó sobre flora ibérica
más de 3.500 páginas en total no sirven para gran cosa y, además, que era envidioso [Moritz Willkomm], o que representa el epítome de la decadencia de los directores del Jardín Botánico de Madrid durante el siglo XIX [Pius Font i Quer]. Pero lo que quedará para siempre en la memoria de cualquiera que se acerque a su figura es el título del vitriólico opúsculo que en 1891, cuando estaba en todo su apogeo, le dedicó un osado Carlos Pau y Español (1857-1937): "Gazapos botánicos cazados en las obras del señor Colmeiro, que es director del jardín botánico de Madrid". Y que, además, lleva por lema: "Todas las obras del Sr. Colmeiro no valen lo que cuesta el papel en que se han escrito". Carlos Pau, imbuido de un fuerte espíritu nacionalista, personificaba en él lo que consideraba dejación de funciones de la mayor parte de los directores del Jardín Botánico de Madrid posteriores a Mariano Lagasca (1776-1839), que habían renunciado a la exploración florística de España, dejándola así en manos de botánicos extranjeros durante toda la segunda mitad del siglo XIX, con lo cual eran ellos los que se llevaban la "gloria" del descubrimiento de nuevas especies. Además, también le acusaba de menospreciar, e incluso despreciar, a los que se habían dedicado a esta exploración a escala regional, como Antoni C. Costa (1817-1886), Francisco Loscos (1823-1886), José María Pérez Lara (1841-1918), él mismo, o incluso Vicente Cutanda (1804-1866), antecesor de Colmeiro como Director del Jardín Botánico de Madrid.

            Es innegable, sin embargo, que dos de sus obras, escritas al principio de su carrera, son de gran mérito y tuvieron una gran influencia durante toda la segunda mitad del siglo. La primera es "Ensayo histórico sobre los progresos de la Botánica desde su origen hasta el dia, considerados mas especialmente con relacion a España" de 1842, y que fue citada y copiada más o menos literalmente en buena parte de los folletos, discursos o memorias que aparecieron en España, referidos a la evolución de la Botánica, hasta comienzos del siglo siguiente.

            La otra, y es la que nos interesa aquí, es "La Botánica y los botánicos de la península Hispano-Lusitana", una aportación original donde recopila todos las obras referentes a plantas de la Península Ibérica o escritas por autores ibéricos, a las que añade unas notas biográficas de los autores. Consta de dos partes, la primera se titula "Estudios bibliográficos. Biblioteca botánica hispano-lusitana" y está dividida en diez secciones. Las tres primeras están dedicadas a los comentarios o interpretaciones de autores griegos y latinos, a las obras que hablan de las plantas de la Biblia y a obras de autores árabes ibéricos o traducidas del árabe. La sección cuarta se titula "Obras didácticas, memorias y otros escritos españoles en que se tratan las doctrinas de los diversos ramos de la Botánica total o parcialmente". La sección quinta corresponde a obras españolas descriptivas de plantas exóticas, la sexta a obras descriptivas de plantas ibéricas, tanto de autores ibéricos como extranjeros, y la séptima a catálogos y noticias de plantas cultivadas en jardines de España y Portugal. Las tres últimas se ocupan, respectivamente, de obras con noticias biográficas o bibliográficas, de las revistas o colecciones más o menos periódicas citadas y de obras donde aparecen retratos de botánicos ibéricos. Esta parte termina con un índice, ordenado alfabéticamente por autores. El criterio de inclusión de una obra en una sección concreta es laxo, pero queda superado porque una misma obra puede aparecer en diferentes secciones. En la segunda parte, titulada "Estudios biográficos", se recogen bocetos biográficos más o menos completos de diferentes botánicos o personajes ibéricos relacionados con el estudio de las plantas. Están agrupados por siglos, pero dentro de cada siglo no hay un orden claro. La extensión es muy desigual. Los de los grandes botánicos, por ejemplo Cavanilles (1745-1804) o Lagasca (1776-1839), son muy completos y prolijos y a su lado aparecen los dedicados a esforzados, aunque olvidados, curas y boticarios que, como mucho, llegaron a publicar un solo trabajo. Afortunadamente, esta parte termina con el índice de los autores que figuran y donde también aparecen los géneros dedicados a botánicos y personajes relacionados con la península Ibérica. Así, por ejemplo, nos podemos enterar que M. Lagasca dedicó, en 1816, un género a Fernando VII, demostración evidente de que todo el mundo puede equivocarse y que los poderosos no se dejan impresionar demasiado por las atenciones que les pueda tributar un humilde y bienintencionado botánico.

            Sobre todo la primera parte es uno de esos trabajos de lo que a menudo se califica como de rata de biblioteca, con una recopilación inmensa y minuciosa. Lo recoge todo: libros, artículos dispersos en revistas de temáticas relacionadas con las ciencias naturales o afines, manuscritos inéditos que a menudo terminan en su biblioteca particular e, incluso, trabajos botánicos que sólo conocía por referencias indirectas y que ya estaban perdidos en su época. De cada uno hace un comentario, por breve que sea, indicando su contenido y aportaciones; en algunos de los manuscritos el comentario es lo suficientemente ambiguo como para no decir si la ha visto o no. También sorprende el esfuerzo por incluir las obras de botánicos o botanófilos extranjeros que hacen referencia a la Península, aunque algunas obras menores se le puedan escapar, sobre todo de franceses que tocan de refilón los Pirineos, o de algunos británicos que aprovechan una escala más o menos prolongada en Madeira para dejar por escrito su visión de la isla. Del mismo modo incluye el Llibre de consells [conocido también como Llibre de les dones o Espill] de Jaume Roig escrito en la segunda del siglo XV y con numerosas ediciones a partir del XV y considerado precursor de la picaresca, con la excusa de que aparecen algunos nombres vulgares de plantas o una versión del "Libro de la monteria" de 1582 que "es interesante, porque se reconoce el estado de la poblacion de los montes de España en el siglo XIV.". También recoge un manuscrito "del siglo XVII, que poseyó el historiador Muñoz" o se permite copiar unos versos dedicados a la mimosa en el comentario a "Argentina y conquista del Río de la Plata" de Martín Barco Centenera y publicada en 1602.

            Fue miembro fundador y primer Presidente de la Sociedad Española de Historia Natural, fundada en 1871, y perteneció a las Reales Academias de la Lengua, de Medicina y de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Curiosamente, a su muerte legó la biblioteca personal, incluidos los estantes, a la Real Academia de Medicina de Madrid y no al Jardín Botánico, institución de la que había sido Director durante treinta y dos años.

           
Miguel Colmeiro (1858). La botánica y los botánicos de la península hispano-lusitana. Estudios bibliográficos y biográficos. Imprenta M. Rivadeneyra, Madrid. 216 p. [Disponible en Biblioteca digital del RJB]

* Se refería a Ensayo histórico sobre los progresos de la Botánica.

jueves, 27 de febrero de 2020

Roger Heim, un micólogo en el infierno (Mauthausen-Gusen, 1944-1945)




“Voilà ce que fut notre vie. C’est dans cette réalité hallucinante que notre moral s’efforçait à trouver un élément d’espérance. Et beaucoup d’entre nous le saisissait, cet indice fragile, avec la foi d’une énergie folle, incompréhensible. Ainsi est fait le merveilleux mécanisme de l’être humain, de cet être que des milliers de siècles semblent avoir achevé et que les nouveaux Barbares ont voulu anéantir. Mais ils n’ont tué que le corps, non pas l’esprit.”




             Lasciate ogni speranza, voi ch'entrate, es la leyenda que según el poeta figura en la puerta del infierno. Du Kommst, Niemals Raus es la bienvenida, grabada en granito, en la entrada del campo de Mauthausen. A veces la peor de las pesadillas se convierte en la realidad cotidiana. Y aunque despertar parezca imposible, hay quien lo consigue y es capaz de reconstruir su vida.

            Roger Heim (1900-1972) tenía un brillante futuro por delante a finales de los años 30 del siglo XX. Ingeniero químico de formación, pronto se interesó por los hongos, defendiendo su tesis doctoral sobre el género Inocybe en 1931. El año 1933 ya era subdirector del Museo Nacional de Historia Natural de París y trabajaba sobre rusulales de Madagascar y agaricales asociados a termitas africanas. Antes, en 1932,  había realizado una estancia de un mes en Cataluña, trabajando en el marco de las actividades del Plan Micológico Quinquenal elaborado por Pius Font i Quer (1888-1964) y sus resultados aparecieron en la revista Treballs del Museu de Ciències Naturals de Barcelona de 1934. Se había casado en 1935 con la micóloga rumana, especialista en citología, Panca Eftimiu y ya tenía un hijo.

            Pero todo se tambaleó con la invasión de Francia por los alemanes. Colaborador de la Resistencia desde 1942, fue delatado y detenido al año siguiente, y estuvo internado en varios campos franceses, hasta que fue deportado al campo de selección de Buchenwald (enero-febrero de 1944), después transferido a Mauthausen (febrero-marzo de 1944) y finalmente internado en el campo de Gusen, subsidiario de éste, y especializado en el exterminio de las élites de los países conquistados, donde trabajaban en la extracción de granito en la cantera del campo. Sobrevivió al día a día y también a las matanzas finales del mes de abril de 1945, cuando los franceses de Gusen salieron y caminaron los 5 km que los separaban de Mauthausen, donde en teoría los esperaban los camiones de la Cruz Roja. Pero no hubo camiones para todos y tuvieron que esperar diez días en Mauthausen sin comida y a la intemperie y, cuando ya los iban a gasear, entraron los primeros tanques ligeros americanos gracias a la decidida intervención del delegado de la Cruz Roja Internacional, el suizo Louis Haefliger.

            Terminada la Guerra, impartió cuatro conferencias relatando parte de sus experiencias y reflexiones, que recogió en una publicación de 1947. Las dos primeras fueron pronunciadas en mayo y noviembre de 1945, en el Museo Nacional de Historia Natural y en la Sorbona respectivamente, y la tercera, de junio de 1946, es en una ceremonia en memoria del Padre Jacques de Jésus, uno de los benefactores, dentro del campo, de la comunidad francesa y que moriría poco después de la liberación debido a una neumonía. En ellas explica las condiciones de organización y trabajo del campo, señalando las diferentes alternativas que conllevaban la muerte y también los requisitos necesarios para sobrevivir. Y todo con la descripción de numerosos casos, conocidos de primera mano o vividos por él mismo, de hasta dónde puede llegar un ser humano para sobrevivir. No relata gran cosa sobre su situación personal, tan sólo menciona de pasada que fue sujeto de algún experimento médico y explica algunas de las rutinas diarias. Pero lo que sí que hay son numerosas reflexiones acerca del porqué de todo aquello, intentando comprender como los guardias del campo podían aplicar un programa sistemático pensado para aniquilar cualquier esperanza no dejarlos tranquilos ni un momento, acoso y desgaste constante, pero sin mostrar la más mínima empatía, ninguna compasión, por el sufrimiento de otro ser humano; más bien todo lo contrario, una crueldad gratuita, incluso sadismo.      

            La cuarta conferencia es de enero de 1947, en una manifestación organizada por la "Federación Nacional de los Deportados e Internados Resistentes y Patriotas". Es breve, pero pesimista y es la que, leída hoy en día, tal vez sobrecoja más, pues en ella se muestra completamente contrario no sólo al olvido, sino que también explicita la desconfianza de que el pueblo alemán se pueda disociar del nazismo, afirmando que la democracia es incompatible con el temperamento alemán. Sorprendentemente, personaliza sus ataques en Kurt Schumacher, socialdemócrata alemán que había sido arrestado e internado en varios campos de concentración desde 1933, y que el año antes había conseguido llegar a Secretario del SPD; fue el jefe de la oposición a los gobiernos conservadores de Konrad Adenauer hasta el año 1952, en que murió. A la vista de este escrito, una posible interpretación del título del libro, La sombre route, ciertamente ambiguo, es que se refiera al futuro. 

        Aunque en algún punto se vislumbre el origen más o menos "mitinesco" de los textos, está muy bien escrito y la lectura es fluida [siempre que las lágrimas del lector lo permitan]. A diferencia de otros relatos sobre los campos de concentración, nada está novelado, sólo aparece la realidad vivida y las reflexiones personales del autor. Su punto de vista es muy francés, raramente habla de las relaciones con prisioneros de otros países se entrevé una cierta admiración por los rusos, un cierto menosprecio hacia los polacos, pero el tema recurrente es intentar entender la relación de los alemanes en general con el genocidio. Estaba asumido no esperar ninguna piedad por parte de las tropas de los S.S., pero es de más difícil comprensión la indiferencia de las tropas de la Wehrmacht o la de los kapos de los barracones. Resalta a menudo la importancia de conservar la esperanza, a pesar de que todo el sistema estaba diseñado precisamente para eliminarla. Especialmente doloroso es el relato de las consecuencias de los bombardeos aliados sobre la cercana ciudad de Linz durante los meses finales de la guerra, en la que se mezclan la esperanza de un final próximo y la exigencia de superar una nueva prueba física que puede ser la última: a cada alerta de ataque debían correr unos 1.500 m para entrar en los túneles excavados en la montaña, esquivando los bastonazos y perseguidos por los perros. También estremece cuando explica las muertes por empacho con las raciones de la Cruz Roja una vez han sido liberados.

            Y una constatación: en el infierno no hay hongos, ni plantas. O al menos ni siquiera los botánicos mejor preparados son capaces de prestarles la más mínima atención, empeñados como están en sobrevivir conservando, a ser posible, un mínimo de dignidad humana. La única referencia dentro del campo es cuando explica que recoger a la carrera unas pocas hojas de cerrajas o dientes de león puede representar la posibilidad de vivir un día más. Antes, durante los primeros días en Mauthausen, le había sorprendido el espacio ajardinado en la entrada del campo. Después, en el trayecto final de Gusen a Mauthausen, se maravilla al contemplar los árboles frutales y las primeras hierbas de la primavera en flor.

            Miembro de la Académie des sciences desde 1946, fue Director del Muséum nationale d'histoire naturelle entre 1951 y 1965. En 1955 publicó un libro de viajes muy diferente de éste [Un naturaliste autour du monde] en el que contaba sus impresiones y algunas anécdotas de los países que había visitado como científico, y en el que ya también explicitaba su interés en la conservación de la naturaleza. Antes, en 1948, había sido uno de los fundadores de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN) de la que sería presidente entre 1954 y 1958, y en 1952 su libro Destruction et Conservation de la nature fue uno de los primeros intentos de concienciar al público en general sobre esta problemática. También fue el promotor y autor del prólogo de la traducción al francés de Silent Spring (1962) de Rachel Carson (1907-1964), que puede considerarse el punto de partida de la concienciación popular a favor del movimiento ecologista en Occidente. A partir de 1952 estuvo especialmente interesado en los hongos alucinógenos y junto con Robert Gordon Wasson (1898-1986) y Albert Hoffman (1906-2008) escribió alguno de los libros fundamentales sobre este tema, así como numerosos artículos sobre cultivo, taxonomía y composición química de estos hongos.           

            No menos de media docena de géneros de hongos llevan epónimos basados en su nombre.

           Era miembro de la Amicale de Mauthausen, de la que fue Presidente entre 1971 y 1979. Siempre llevó en la cartera una fotografía donde se le veía, esquelético y demacrado, cuando las fuerzas aliadas liberaron el campo de Mauthausen.



Roger Heim. 1947. La sombre route. José Corti, Paris. 99 p.

lunes, 30 de diciembre de 2019

Joan Salvador y los hermanos Jussieu: viaje por España y Portugal (1716-1717)


Lo dia 8 [abril 1717], dijous, partirem de la Miallada... Després, anant muntant, arribàrem, després d’haver fet una lleuga bona, al convent de Santa Cruz de Busaco. Dit convent és lo desert dels pares carmelites descalços. Nos refusaren l’entrada perquè no teníem ordre del provincial, però després, donant una caritat ab títol de benefactors, nos deixaren entrar. Lo convent està circuït d’una muralla. Puja fins al més alt de la muntanya de Busaco, ab molt bosc [i] algunes cascades d’aigua. Hi ha molts "azereiros", alguns plàtanos, però sobretot del Cupressus lusitanica, patula fructu minori, que anomenen "cedros" (vide Grisley Vivi. In Epist.), los quals deuen ésser vinguts de les Isles Terceres. Se fan arbres molt alts, i són encara los primers que plantaren, però vui passen de mil arbres los que hi ha. Se compten onze ermites, a on habiten religiosos, i també molts oratoris dels passos de la passió, a on hi havia les figures, cosa molt mal feta. En dit convent habiten vint-i-quatre religiosos, a on no mengen sinó peix sec, i guarden silenci. En cada celda hi h un petit jardí. En fi, després de dues hores passat migdia, partirem. I passant per altre camí, passàrem per un altre llogaret anomenat Vacarissa, i després haver fet una lleuga bona tornàrem a Miallada. I en arribar, partirem, i anant per bon camí ab moltes oliveres, després de dues lleugues, arribàrem, a entrada de fosc, a una vila anomenada Avelans do Caminho, cerca de Coimbra, i altres viles de la província de Beyra. Se mengen molts llobins, primerament remullats, per llevar-los l'amargor.





            Cuando Joseph Pitton de Tournefort (1656-1708) muere repentinamente en plena madurez, Guy Crescent Fagon (1638-1718), el iconoclasta, hiperactivo y ahora ya todopoderoso superintendente del Jardin du Roi de París, repite la jugada que tan bien le había salido 27 años antes, cuando lo nombró profesor de botánica. Ahora el elegido es otro joven, de 23 años, recientemente doctorado en medicina en Montpellier y desconocido, pero también discípulo, como Tournefort, de Pierre Magnol (1638-1715), apenas recién llegado a París, y a quien sólo conocía de verlo dos o tres veces por el Jardín del Rey con sus paquetes de plantas. Antoine de Jussieu (1686-1758) había ido a París para conocer a su admirado Tournefort y para asistir a sus clases, pero el fatal accidente que le provocaría rápidamente la muerte hizo que la relación fuera muy breve. Y, sorprendentemente, lo sustituye.


Fagon había sido el impulsor de la figura del botánico-informador –espía dirían otros que recorre tierras extranjeras y emite informes más o menos confidenciales. El caso más exitoso fue precisamente el viaje de Tournefort a Oriente, pero también lo había intentado enviando a Charles Plumier (1646-1704) y Louis Feuillée (1660-1732) a América. Es de suponer que tras la Guerra de Sucesión a la Corona española, con un sobrino del rey de Francia en el trono de España, la situación era propicia y la tentación irresistible. Así, entre octubre de 1716 y mayo de 1717 una expedición organizada por la Academia de Ciencias de París, bajo los auspicios del rey de Francia, y dirigida por Antoine de Jussieu, entonces demostrador de plantas en el Jardin du Roi, recorrió España y Portugal con el objetivo oficial de recoger plantas y hacer observaciones sobre la flora y la vegetación. Además de Antoine de Jussieu, iban Philippe Simoneau (1685-1753), dibujante y grabador de la Academia y Bernard de Jussieu (1699-1777), estudiante de medicina y hermano pequeño de Antoine. En Barcelona se añadió Joan Salvador i Riera (1683-1726), el primogénito de la tercera generación de la ilustre estirpe barcelonesa de boticarios y naturalistas. El abuelo, Joan Salvador i Boscà (1598-1681), farmacéutico, probablemente influenciado por su hermano mayor, que había estudiado con Francisco Micó (1528-1592), inició las colecciones y la biblioteca y estableció correspondencia con muchos de los botánicos de su tiempo, entre los que destaca la relación con Jacques Barrelier (1606-1673), a quien había alojado en casa en una estancia en Barcelona durante la Guerra de los Segadores. El padre, Jaume Salvador i Pedrol (1649-1740), también boticario, ya había estudiado botánica en Montpellier con Pierre Magnol. El año 1680 recibieron en su casa de Barcelona a un joven Joseph Pitton de Tournefort, recién  licenciado en Montpellier, al que habían asaltado y desvalijado en los Pirineos; lo acompañó en su primer gran viaje hispánico hasta Valencia, estableciéndose entre ellos una fuerte amistad; continuó agrandando el herbario y la biblioteca y se relacionó con los principales botánicos europeos.
Joan Salvador i Riera (1683-1726) [de Viquipèdia]


Joan Salvador i Riera estudió también en Montpellier (1704-1705) donde coincidió y probablemente conoció A. de Jussieu y en París (1705). En la capital se alojó en casa de Tournefort y antes de regresar a Barcelona, ​​a finales de 1706, aun estuvo viajando por Italia. Más tarde, desde mediados de 1711 hasta primeros de 1712 exploró Mallorca y Menorca. Ya de vuelta en Barcelona, ​​es cuando recibe la invitación de Antoine de Jussieu para incorporarse a la expedición de exploración de España y Portugal. El viaje empieza en Barcelona, ​​en Cataluña pasan por Montserrat, Manresa, Santa Coloma de Queralt, Poblet, Scala Dei, el Perelló, Tortosa y entran en Valencia por Vinaròs. A grandes rasgos, continúan hacia Valencia, Gandia, Alicante, Murcia, Málaga, Sevilla, Elvas, Lisboa, Ponferrada, Madrid y vuelta a Barcelona por Zaragoza y Lleida. De los casi siete meses de viaje, estuvieron cerca de uno por Cataluña y Valencia, uno y medio por Andalucía, cerca de tres en Portugal y casi uno por León y Castilla.


El texto publicado lo estableció Ramon Folch Guillén a partir de tres manuscritos: el dietario entero del viaje de Joan Salvador, la copia "en limpio" que hizo el mismo Joan Salvador al regresar a Barcelona, donde a menudo modifica y amplía algunos de los párrafos del cuaderno de viaje del que tan sólo se conoce la parte entre el 30 de octubre y el 30 de diciembre, y una copia parcial de la versión en limpio, hecha probablemente por el abad Pourret, que va desde el 7 de octubre hasta el 1 de noviembre. De resultas, la descripción del viaje hasta el 30 de diciembre, en Sevilla, en general es más rico en detalles, mientras que el resto es más esquemática. Todos estos manuscritos se encontraban entre los materiales del Museo Salvador, depositado en el Jardín Botánico de Barcelona, pero de donde, según Ramon Folch*, desaparecieron de la Biblioteca Salvador posteriormente a la publicación de su trabajo.
Principales ciudades por donde discurrió el viaje y fechas [de Folch, 2014]


            El diario de viaje es básicamente geográfico, descriptivo de los lugares por donde pasan y donde se alojan, en el que se indican distancias entre poblaciones y cultivos, y con pinceladas sobre el paisaje; tan sólo de vez en cuando se refiere a las plantas o la vegetación o da noticia sobre las costumbres locales: antropología, indumentaria, gastronomía ... La información sobre las grandes ciudades (Valencia, Granada, Sevilla, Lisboa, Madrid... ) es más extensa y detallada, destacando sobre todo la extensión y algunos detalles de su estancia en Granada. La rutina diaria que nos presenta es siempre muy parecida: pernoctar en algún poblado y a la madrugada siguiente oír misa si pueden, caminar hasta llegar a algún hostal donde puedan comer y luego continuar haciendo camino hasta el atardecer. Cuando están en las ciudades, indica los principales monumentos generalmente iglesias que visitan o señala los personajes más o menos prominentes que visitan, aunque siempre son anotaciones esquemáticas pero informativas. En general, ofrece la imagen de un país empobrecido y hambriento, con los caminos inseguros y con unos viajeros que a menudo no encuentran lugar para dormir o nada para comer. También es verdad que deja constancia de la excepción: “... nos quedàrem a dormir en una casa de pagès de Bartholomé Assienzo. “Y el territorio se llama El Cabecito de Fratil”, i són de la parròquia de Lorca, encara que [en] dista més de quatre lleugues. Fórem molt ben tractats, donant-nos llomillo i altres de tocino per a menjar. Feia fred i dormírem prop lo foc, tenint abundància de llenya”. En general, en Cataluña y Valencia los destrozos de la guerra aún son evidentes. A modo de ejemplo, transcribimos el día de la llegada a Lleida: "Lo dia 26 [maig], dimecres, partírem de Fraga. Poc després, a on hi ha una fita, és la separació d'Aragó i Catalunya. Entràrem en l'última. Passàrem Alcarràs, molt derruït. I havent fet quatre grans lleugues passàrem baix Gardeny, i després entràrem en Lleida, a on estiguérem tota la tarda. Passa el Segre. La ciutat, molt destruïda. Los canonges oficien en Sant Llorenç".


            Joan Salvador i Riera mantuvo la relación con los Jussieu, sobre todo con Antoine, y también con otros botánicos europeos, entre los que destaca el holandés Herman Boerhaave (1668 a 1739). Parece que llegó a escribir un Botanomasticon Catalonicum del que hoy día tan sólo conocemos el título. Con su muerte, relativamente joven, comenzó la decadencia de la estirpe. Su padre le sobrevivió y su hermano Josep (1690-1761) aún herborizó y continuó manteniendo las relaciones epistolares con los botánicos europeos, pero destacó sobre todo por ordenar y mantener el gabinete de historia natural de la familia. Éste, durante los años posteriores y hasta bien entrado el siglo XIX, sería lugar de visita obligada para los naturalistas europeos de paso por Barcelona.


            En cambio, el linaje de los Jussieu inició aquí su engrandecimiento, que los llevaría a dominar la botánica parisina hasta bien entrado el siglo siguiente. Antoine, en 1714, ya se había encargado de la edición de la obra póstuma de Jacques [Jacobus] Barrelier (1606-1673) [Plantae por Galliam, Hispaniam te Italiam observatae ...]; como resultado del viaje por España y Portugal publicó en las memorias de la Académie des sciences varios trabajos referentes a industrias españolas "estratégicas", como exportadoras hacia Europa de productos valiosos: uno sobre la naturaleza y extracción del yeso de Almazora, otro sobre la explotación del cinabrio en las minas de Almadén y el tercero, sobre la elaboración de la barrilla o sosa de Alicante. Parece que la Academia le recordó alguna vez su compromiso de publicar la lista de plantas del viaje, pero otras actividades la aclimatación del café, el estudio del caucho o la búsqueda de antipalúdicos, entre otros requirieron siempre su atención prioritaria. Bernard, estudió medicina y compaginó su práctica con la botánica, fue nombrado profesor de botánica a partir de 1722 y, aunque publicó muy poco, sus ideas sobre la clasificación de las plantas, basada en caracteres morfológicos y embrionarios, quedaron plasmadas en la ordenación de las plantas del jardín del Trianon de Versalles. El hermano pequeño, Joseph (1704-1779), una vez licenciado también en medicina viajó a América como botánico de la expedición de La Condamine de 1735, pero al finalizar no retornó a Francia, sino que se quedó en América del Sur hasta su regreso en 1771, ya muy enfermo, y sin los manuscritos ni las colecciones botánicas, la mayor parte de las cuales se perdieron. El sobrino de todos ellos, Antoine-Laurent de Jussieu (1748-1836), desarrolló las ideas de su tío Bernard sobre clasificación de plantas, adoptando de forma consistente el concepto de familia; su obra Genera plantarum secundum ordines naturales deposita ... (1789) es la base de los sistemas naturales de clasificación de plantas, que rigieron hasta bien entrado el siglo XX. Su hijo, Adrien de Jussieu (1797-1853), profesor del Museo Nacional de Historia Natural, profundizó en el estudio de algunas de las familias de plantas y fue uno de los impulsores de la geografía botánica.


            El epónimo Salvadora honra la familia Salvador. Lo creó el botánico suizo nacido en Grenoble Laurent Garcin en 1749, en memoria sobre todo de su amigo Jaume Salvador, con quien había colectado por los alrededores de Barcelona antes del asedio de la ciudad de 1713.


                                                                                      
Joan Salvador (edició a cura de Ramon Folch i Guillén, 1972). Viatge d'Espanya i Portugal (1716-1717). Edicions 62, Barcelona. 105 [+ 4] p.

* Ramón Folch (2014). Botánica para después de una guerra. El viaje de Joan Salvador i Antoine de Jussieu por España y Portugal. Mètode Science Studies Journal 4: 125-131. [https://metode.cat/wp-content/uploads/2013/12/79CA2_botanica_despres_guerra.pdf]