jueves, 24 de mayo de 2018

Pedro Loefling, un botánico sueco a sueldo de la Corona española (1751-1756)




          Carl Linnaeus (1707-1778) –latinizado como Carolus Linnæus; más tarde, ennoblecido, cambió su nombre a Carl von Linné, que latinizó como Carolus a Linné– estaba firmemente convencido de que tenía la misión de poner orden en la Creación. Se le atribuye la frase "Deus creavit; Linnaeus disposuit". En pleno siglo XVIII, el de las exploraciones de nuevos países y territorios, la llegada de nuevas plantas a Europa era constante. Linneo elaboró ​​un sistema que permitía asignar fácilmente un nuevo espécimen a un grupo concreto y ponerle un nombre, contando únicamente el número de estambres y de carpelos. Al mismo tiempo estableció y fijó el método de nomenclatura binomial que, al separar el nombre de la descripción, facilitaba su memorización. La comprensibilidad y simplicidad del método contribuyeron a que tuviera una rápida difusión y una gran aceptación. Pero el objetivo era conocerlo “todo” en “todo” el mundo, y Linneo era consciente de que la cantidad de plantas todavía desconocidas era muy grande. Para descubrirlas, lo mejor era enviar gente preparada a explorar los nuevos territorios. Con esta misión sus discípulos –apóstoles los llamaba– salieron en todas direcciones: América del Norte, Japón, China, Egipto, África del Sur, India ...


            Ya en 1735, Linneo se había lamentado del desconocimiento de la flora española y de la incultura botánica en España, añadiendo además que las únicas aportaciones las había hecho el francés Joseph Pitton de Tournefort. Parece que esta afirmación se la tuvieron que escuchar alguna vez los embajadores españoles e, incluso, el Ministro de Estado, José de Carvajal y Lancaster (1698-1754) por parte de un grupo de aristócratas ingleses de paso por Madrid. Así, en 1750, Carvajal, mediante el embajador en Suecia, se pone en contacto con Linneo y le pide que envíe un discípulo suyo a España. El escogido fue Pehr Löfling (1729-1756) –latinizado Petrus Loefling–, que había ido a estudiar medicina a la Universidad de Uppsala, donde descubrió la botánica de la mano de Linneo. Era un estudiante con grandes aptitudes para la botánica y, ante las dificultades económicas por las que pasaba, Linneo se lo llevó a vivir a su casa, con la idea de echarle una mano, pero también para que, como tutor de su hijo, estimulara el interés de esté por las plantas. Llegó a ser su alumno predilecto, y le asistió como secretario cuando Linneo tuvo que guardar cama enfermo de reuma.

El viaje de Loefling comienza el 16 de mayo de 1751, embarcando hacia Portugal. Hacen escala en Oporto y desembarca en Setúbal a finales de septiembre, desde donde va a Lisboa. El viaje hasta Madrid lo hace con Louis Godin, uno de los matemáticos recién llegado de América, que había participado en la expedición de La Condamine. Van hacia Madrid por Badajoz, Mérida, Trujillo y Talavera de la Reina y llegan a la capital el 20 de octubre. Se presenta en el Escorial ante José de Carvajal, Secretario de Estado y promotor de su viaje, y entra al servicio de la Corona española con sueldo y cargo de botánico. En Madrid, rápidamente contacta con los botánicos de la capital, todos ellos boticarios o médicos, buenos conocedores de plantas, pero que no habían publicado gran cosa todavía. El grupo lo formaban Joan Minuart (1693-1768), Josep Quer (1695-1764), José Ortega (1703-1761), Miquel Barnades (1708-1771) y Cristóbal Vélez (c. 1710-1753). Según refiere Loefling, parece que las relaciones eran muy buenas con Minuart y Barnades, cordiales con Ortega y Vélez y de una cierta frialdad con Quer. Pronto comprende que estar al servicio de la Corona implica graves limitaciones de movilidad, porque necesita permisos para salir de la Corte. En los dos primeros años las herborizaciones están limitadas a las afueras de Madrid, y las salidas a Aranjuez, San Fernando –donde tiene el jardín Barnades– o Ciempozuelos son acontecimientos extraordinarios; prepara viajes a Toledo o San Ildefonso, pero no dice nada más de ellos y probablemente no los llegó a hacer. En cualquier caso, sus colegas españoles le cedieron plantas que herborizaron en diversos viajes, mientras él permanecía en Madrid: Barnades de Pirineos, Minuart de las montañas de Castilla o Vélez de Andalucía y la Mancha.

Ya desde su llegada a Madrid, José de Carvajal le había comunicado que el objetivo final eran las provincias americanas. A finales de agosto de 1753 tiene la confirmación de que él será el jefe del equipo de historia natural, formado por dos médicos recién licenciados –Benito Paltor, nacido en los Pirineos según Loefling, y formado en Valencia, y Antonio Condal, de Barcelona– y por dos jóvenes dibujantes –Bruno Salvador y Juan de Dios Castel. Todos ellos formarían parte de una expedición hacia América, pero con destino aún desconocido. A mediados de octubre se dirigen todos hacia Cádiz, pero el embarque se aplaza y Loefling aprovecha para explorar el Puerto de Santa María. Gracias a la demora, le llega a tiempo el primer volumen de Species Plantarum de Linneo para llevárselo a América. Entonces ya saben que forman parte de la expedición de la Comisión de Límites comandada por el capitán José de Iturriaga, con destino al puerto de La Guaira, y con órdenes de remontar el Orinoco, para llegar a Bogotá, Quito, Lima y a todo el Perú. Zarpan de Cádiz el 15 de febrero de 1754 y desembarcan en Cumaná –actual Venezuela– el 11 de abril. A Linneo tan solo le llegaron dos cartas desde América, del 18 de abril y del 20 de octubre. En la última, Loefling le comenta los progresos botánicos en los alrededores de Cumaná: en unos diez meses han colectado unas 600 especies, casi todas ya determinadas, con descripciones detalladas de unas 250, de las que una treintena corresponden a géneros nuevos. Al mismo tiempo le anuncia también lo que será el gran problema de los expedicionarios: los primeros ataques de fiebres.

Loefling murió de paludismo en la Guyana, en la misión de San Antonio de Caroní, el 22 de febrero de 1756. Tan sólo había podido herborizar entre Cumaná y Barcelona. Mientras vivió, el equipo de historia natural funcionó adecuadamente, pero al poco tiempo de morir él, Condal desertó y, en agosto de 1757, también lo hizo Paltor, al sentirse despreciado y degradado por Iturriaga. La Comisión de Límites fue en sus inicios un auténtico desastre, con un importante retraso y muchas muertes por enfermedad. El carácter y las decisiones de Iturriaga y su enfrentamiento con el gobernador de Cumaná, que tenía una actitud claramente obstruccionista, tampoco ayudaron a mejorar la situación. Hasta que no se hizo cargo José Solano, no lograron remontar el Orinoco y penetrar por el Casiquiare. Tan sólo lograron llegar a los enclaves portugueses del Río Negro en 1759. La Comisión se disolvió oficialmente en 1761.

            La imagen que nos llega de Loefling es la de un joven completamente entregado al estudio de las plantas, pero sin renunciar a las otras ramas de las ciencias naturales. Así, después del viaje desde Suecia, envía a Linneo un listado y observaciones sobre algas o, en la espera para embarcar en Cádiz, hace un estudio muy completo de los peces de la bahía; entremedias publica también unas observaciones sobre corales, describe un escarabajo pelotero o el pulgón de la cornicabra y, con Barnades, se dedican a la descripción de aves. Pero son las plantas lo que más le impresiona e interesa. Nada más llegar a Portugal busca el famoso drago que había visto Clusius en 1564 o la palmera canaria, y también se sorprende ante plantas americanas aclimatadas, como los agaves o las chumberas. Reconoce muchas de las plantas autóctonas, pero pronto se da cuenta de la diversidad y complejidad de algunos grupos de plantas ibéricas como las cistáceas o las pequeñas cariofiláceas anuales, a las que dedicaría buena parte de sus esfuerzos durante los años siguientes. También experimenta por si mismo el triste sino de los botánicos mediterráneos en busca de las plantas anuales de primavera: un año aparecen por todas partes y en cantidades abrumadoras, y al año siguiente apenas si se encuentran unos pocos pies raquíticos. Las plantas son su centro de interés y están omnipresentes en todo el relato. No hay que olvidar, sin embargo, que el texto de su estancia en España está formado por las cartas dirigidas a Linneo, y lo que aparece son sobre todo listas de plantas recolectadas y comentarios sobre determinaciones o problemas taxonómicos. También figuran noticias sobre las relaciones con los botánicos y políticos españoles, sobre la colonia extranjera en la capital o sobre los otros discípulos de Linneo dispersos por el mundo. Durante los años en Madrid, busca en todo momento la aprobación de Linneo y las enseñanzas que éste le pueda aportar, pero durante el periplo americano adquiere ya total autonomía. En cualquier caso, Linneo "editó"* las cartas de Loefling para evitar susceptibilidades con los botánicos madrileños, e incluso halagarles, sobre todo pensando en Joseph Quer, uno de los hombres de pro de la Corte, e irreducible tournefortiano.

La versión en castellano de Ignacio de Asso (1742-1814) sólo contiene la traducción del prefacio y del diario del viaje, en sueco en el original. El prefacio es obra de Linneo y es una semejanza y alabanza de la vida y méritos del discípulo. El diario de viaje lo editó Linneo, según dice en el prefacio, a partir de las cartas que le envió Loefling durante su estancia en Portugal y España, a las que añadió algunas descripciones de plantas singulares. También incluyó un extracto de los manuscritos que le llegaron del período americano. El texto en español contiene a menudo notas a pie de página y todas parecen obra de A.J. Cavanilles (1745-1804), editor de botánica de la revista. El original de 1758, el Iter hispanicum, contiene además una parte, en latín, dedicada a la descripción de plantas españolas y otra parte de plantas americanas, así como algunos apéndices e índices finales más.


Observaciones de Historia natural hechas en España y en América por Pedro Loefling: traducidas del Sueco, según la edición de Cárlos Linneo, por D. Ignacio de Asso. Anales de Ciencias Naturales 3: 278-315 (1801); 4: 155-191, 324-339 (1801); 5: 82-104, 296-340 (1802). [Disponible en Biblioteca digital del RJB; reimpreso en Memorias de la Real Sociedad Española de Historia Natural 5: 11-134 (1908), disponible en Biblioteca digital del RJB].

Petri Loefling Iter hispanicum, eller resa Til spanska länderna uti Europa och America, förrätad ifrån År 1751 til År 1756, med beskrifningar och rön öfver de märkvärdigaste växter, utgifven Efter dess Frånfälle af Carl Linnaeus. Stockholm, Ṫryckt på Direct. Lars Salvii Kostnad (1758). 316 p. [Disponible en Biblioteca digital del RJB y en Internet Archive]


* Para entender mejor la purga que hizo Linneo de la correspondencia de Loefling, ver G. López González (1990). La obra botánica de Löfling en España, pp. 33-49. In: F. Pelayo. Pehr Löfling y la Expedición al Orinoco, 1754-1761. Madrid, CSIC. 190 p.


Edición del texto por Edith Castells y Pilar Pérez Ramón.
 

martes, 27 de febrero de 2018

Richard Evans Schultes y los secretos del Amazonas (1941-1953)



            El libro del que hoy nos ocupamos es difícil de clasificar. No es únicamente una biografía, ni un libro de aventuras, ni un tratado de geografía, aunque hay un poco de todo esto en él. Está centrado en la figura de R.E. Schultes y sus exploraciones en la cuenca amazónica Colombia, Brasil y Ecuadory en la cordillera andina entre los años 1941 y 1953. También tienen un papel muy destacado los viajes de sus discípulos Tim Plowman y Wade Davis, este último autor del libro.          

            Tradicionalmente ha suscitado poco interés entre los botánicos el estudio de las plantas y hongos con propiedades psicoactivas, exceptuando cuando entran en juego intereses económicos. Aunque muchas culturas "primitivas" los han utilizado desde tiempos inmemoriales para trascender –con un uso a menudo asociado  a ceremonias con rituales de iniciación, generalmente su uso y memoria o se ha perdido o ha quedado restringido a grupos sociales más o menos marginales o aislados geográficamente. Probablemente el rechazo, cuando no directamente la persecución, de la ortodoxia cristiana y de las otras grandes religiones monoteístas, ha tenido mucho que ver en ello. Esta situación, sin embargo, comenzó a cambiar hacia finales del siglo XIX, cuando algunos etnógrafos describieron el consumo de estas plantas y hongos en algunas culturas como expresiones espirituales. Y es aquí donde hay que situar a uno de los primeros botánicos que se interesó por estas plantas y su uso, y que llegó a ser un gran experto y divulgador, Richard Evans Schultes. Sus trabajos pioneros sobre el peyote y el teonanácatl se pueden considerar los primeros estudios etnobotánicos "serios" sobre organismos psicoactivos. Asimismo, desencadenó toda una serie de acontecimientos que acabarían confluyendo con los anhelos e inquietudes de la generación beat en los años 50 y los movimientos contraculturales de los 60 y 70.

R.E. Schultes (a la derecha) [del libro]
            Richard Evans Schultes (1915-2001) se considera uno de los grandes etnobotánicos del siglo XX. Ya de pequeño le había fascinado el libro del botánico y explorador del siglo XIX Richard Spruce sobre el Amazonas, pero fue a Harvard a estudiar medicina, becado por la Iglesia Unitaria de su comunidad, situada en el área de Boston. En Harvard conoció a Oakes Ames (1874-1950), un profesor de etnobotánica muy extravagante, orquideólogo y millonario, de quien llegó a ser su alumno predilecto. Le dirigió un trabajo de pregrado sobre el uso del cactus del peyote entre los kiowas en Oklahoma y, más adelante, la tesis doctoral sobre organismos alucinógenos en México, donde identificó el teonanácatl de los indígenas como hongos del género Panaeolus. En 1941 Schultes se encontraba en el Amazonas, estudiando el uso del curare por los indígenas, y cuando Estados Unidos entró en guerra se alistó como voluntario. Sin embargo, fue reclutado por la Oficina de Plantas Industriales del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) y enviado a Colombia, como explorador botánico, para evaluar las diferentes especies productoras de caucho y sus posibles opciones para cultivo industrial. El caucho era necesario para abastecer la industria bélica, que hasta entonces había dependido del suministro del SE asiático que se había interrumpido. Permaneció en Colombia hasta 1953, viajando esporádicamente a Estados Unidos, Costa Rica o Inglaterra. Cuando se cerró el programa del caucho, fue reclamado desde Harvard. Durante todo este periodo había explorado, generalmente solo, unos 80.000 km2 de territorio amazónico donde las únicas vías de comunicación eran los ríos. Se desplazaba con su inseparable canoa de aluminio de fabricación artesanal, que tan sólo pesaba 24 kg. Aprendió dos lenguas amazónicas, inventó el método para prensar y conservar las plantas en alcohol o formaldehído, que aún se utiliza hoy en día en zonas tropicales y recolectó unos 24.000 números de plantas, de las cuales unas 3.500 productoras de látex, la mayoría del género Hevea. Además, a partir de sus recolecciones, se describieron unas 300 especies nuevas para la ciencia. También pasó hambre, sufrió ataques de malaria y beriberi y experimentó personalmente con todas las plantas alucinógenas de la selva conocidas por los indígenas, buscando siempre quien todavía conservara el conocimiento tradicional para preparar las pócimas. Curiosamente, una de sus grandes frustraciones era que, mientras la mayoría de la gente que las tomaba sufría unas fuertes sensaciones de alteración de las percepciones, él apenas veía cambios de colores.

            Timothy Plowman (1944-1989) era el discípulo predilecto de Schultes y también experimentaba con todas las plantas psicoactivas. Los años 1974 y 1975, y bajo la supervisión de Schultes, estudió las fuentes naturales de la coca en los Andes con un proyecto del USDA. Plowman acabaría siendo el gran especialista del género Erythroxylum, en el que describió cerca de 40 táxones. En el trabajo de campo de estos años casi siempre lo acompañó Wade Davis (1953- ), que durante la década de los años 70 continuó viajando por los Andes y la costa pacífica, desde Perú hasta Panamá, con alguna incursión en la cuenca amazónica.

La cordillera del Chiribiquete, que Schultes exploró en 1943 (J. Pedrol)
            El libro que nos ocupa está estructurado en 14 capítulos, cada uno de ellos tiene un hilo conductor. Así, entre otros, aparecen el peyote, los hongos alucinógenos de México, la coca y los viajes de Plowman y/o Davis, el curare, el caucho, el pueblo waorani, varias plantas alucinógenas, los viajes de Richard Spruce a finales del siglo XIX o el mismo río Amazonas y un buen puñado de afluentes. Pero en cada uno de los capítulos se mezcla todo: los viajes de Schultes de los que la información proviene en buena parte de sus libretas de campo, además de entrevistas personales, el viaje de Plowman y Davis o algún otro viaje de Davis, noticias históricas, historias personales, información antropológica sobre los diversos pueblos indígenas, la misma geografía del territorio y, siempre, información etnobotánica, preferentemente sobre plantas con propiedades psicoactivas. Escrito desde la admiración por R.E. Schultes y en memoria de T. Plowman, el libro relata las aventuras de los personajes cuando no los mismos personajes: aventureros, botánicos, chamanes, ..., describe los paisajes y los viajes y explica el contexto histórico, siempre desde un punto de vista de total respeto por los indígenas y por sus conocimientos de las plantas. La cantidad de información que aparece es inmensa y las descripciones son detalladas, pero en general la lectura es emocionante y fascinante, aunque sea fácil perderse en medio de los ríos, poblados y culturas amazónicas. Todo el libro rezuma nostalgia de un mundo y de unas formas de vida que, ya entonces, se extinguían inexorablemente.


La orquídea azul Aganisia cyanea–, que da nombre a un capítulo del libro (Orchi, CC BY-SA 3.0https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=519567)
            Cuando Schultes retornó a Harvard en 1953, primero fue conservador del herbario de orquídeas Oakes Ames, más tarde conservador de Botánica Económica y, desde 1970 a 1985, profesor de Botánica. En su nueva etapa universitaria continuó estudiando y publicando sobre etnobotánica fue el editor de Economic Botany Journal de 1962 a 1979, pero sobre todo de plantas alucinógenas. También publicó una decena de libros fundamentales algunos en colaboración con Albert Hofmann para la comprensión y divulgación de las plantas psicoactivas. Hacia el final de su vida adquirió también un fuerte compromiso con la defensa de la selva amazónica y con sus pobladores ancestrales. Extremadamente conservador en política, en las elecciones a presidente de Estados Unidos, en su colegio electoral, siempre había un voto para la reina de Inglaterra. No por ello dejaba de ser un firme defensor de las libertades individuales. Llegó a ser una figura popular debido a que, en los años 70, se prestaba a declarar como testigo experto en los juicios por posesión de marihuana. Mantenía al menos en los juicios una peculiar interpretación taxonómica del género Cannabis, y declaraba que no se podía probar, con las herramientas forenses disponibles y fuera de toda duda razonable, cuál de las tres especies del género era la decomisada. Y como la ley sólo penaba la posesión de Cannabis sativa ... ¡Las extravagancias del discípulo, al final, no tenían nada que envidiar a las del maestro!

            Al menos tres géneros de plantas, aceptados actualmente, corresponden a epónimos que le honran. En 2015, el cineasta colombiano Ciro Guerra, con un guión basado en parte en una adaptación muy libre de algunos de los capítulos del libro, sobre todo el dedicado a Richard Spruce, dirigió la película El abrazo de la serpiente.


Schultesiophytum es uno de los géneros de ciclantáceas con que se hacen los sombreros "panamá" (C. Aedo)

Wade Davis (2001). El río. Exploraciones y descubrimientos en la selva amazónica. El Áncora Editores, Bogotá. 639 p. [Traducción de Nicolás Suescún; hay también una edición de la editorial Pre-textos, de 2004]

Wade Davis (1997). One river. Explorations and Discoveries in the Amazon Rain Forest. Touchstone, New York. 537 p.

Edición del texto por Edith Castells y Pilar Pérez Ramón.
 

viernes, 29 de diciembre de 2017

George Bentham: un joven inglés se hace botánico (Pirineos, 1825)

            A comienzos del siglo XIX el conocimiento de las plantas de los Pirineos ya había alcanzado un nivel importante. Las exploraciones de Gouan, Pourret, Saint-Amans y A.P. de Candolle, además de los trabajos de Lapeuyrouse y su red de colaboradores, permitían formarse una buena idea de su flora. Además, estaba el catálogo de Lapeyrouse, la Histoire abrégée ... de 1813 que, aún teniendo todavía numerosos errores, ya había sido corregido en el tercer volumen de la última edición de la Flore Française por de Candolle. Pero al mismo tiempo, los Pirineos eran unas montañas suficientemente extensas como para permitir nuevos descubrimientos. Así, no es extraño que los pasos de un joven inglés que hacía pocos años que se interesaba por la botánica, residente en Montpellier, se encaminaran hacia allí.
G. Bentham de joven. De Kew Gardens
George Bentham (1800-1884) es uno de los botánicos más importantes del siglo XIX y su influencia se extiende casi hasta finales del XX. Era de familia acomodada ‒el padre era ingeniero naval y el tío, Jeremy Bentham, un renombrado filósofo y jurista‒, totalmente autodidacta, extraordinariamente dotado para los idiomas ‒se dice que a los siete años ya hablaba cuatro lenguas‒ y con intereses intelectuales muy amplios: matemáticas, teología, filosofía, lógica, ... Con 20 años, cuando la familia reside en Montpellier, descubre las claves dicotómicas de la Flore Française de J.B. de Lamarck y A. de Candolle y se interesa, ya para siempre, por la botánica. Al principio parece que su interés por las plantas era puramente "mecánico", a fin de comprobar el funcionamiento de las claves y ver el ajuste de los diferentes grupos de plantas en un orden natural. El año 1823, en Londres, establece contacto con círculos botánicos de la capital y prepara una expedición a los Pirineos para el año 1824, pero finalmente la tendrá que aplazar hasta el verano de 1825.

            Aquel año, en compañía del escocés George Arnott Walker-Arnott ‒con quien ya había herborizado en 1823 por los alrededores de Montpellier‒ y los franceses Esprit Requien y Urbain Audibert ‒que sólo estuvieron durante las primeras seis semanas‒ recorren durante tres meses los Pirineos orientales y centrales. Salen de Montpellier el 17 de mayo y pasan por Narbona, Perpiñán, la costa del Rosellón entre Collioure y Banyuls, y llegan hasta Barcelona, ​​donde están cuatro días y herborizan en Montjuïc y Sarrià, aunque por falta de tiempo y con gran pesar no pueden ir hasta Montserrat. Retornan a Perpiñán y continúan por Arles y Prats de Molló y, a través del Canigó, llegan hasta Prades, donde se quedan cuatro días. Desde aquí los botánicos franceses regresan a casa. Ya ellos dos solos solos, Bentham y Walker-Arnott, continúan hasta Montlluís, donde establecen la base logística en la Cabanasse. Desde aquí, suben por el valle de Eina hasta el collado de Núria, bajan al santuario y regresan a Montlluís por el mismo camino. Continúan hacia la aduana de Bourg-Madame y llegan a la Seo, donde se quedan cuatro días, con ascensión al Cadí incluida. Suben hacia Andorra y pernoctan en Sant Julià y en Andorra la Vella, desde donde ascienden al Port Negre y retornan a la capital andorrana. Continúan hacia Soldeu y salen de Andorra por el puerto de Puymorens y regreso por el valle de Querol hasta Bourg-Madame y Montlluís. Desde aquí siguen el valle del Aude, suben el puerto de Palheràs y continúan por Ax, Foix y Saint-Girons. Atraviesan las montañas de la Crabère hasta Melles, y continúan por Saint-Béat hasta Banheres, desde donde se acercan a los valles de Benasque ‒bajan hasta el pueblo‒ y de Esquierry. Desde ahí se dirigen hacia Bagnères de Bigorre, Tolosa y retornan a Montpellier el 19 de agosto.


Hippocrepis multisiliquosa Req. ex Benth. De Flora iberica.
           Uno de los motivos confesos de la redacción del viaje es que sirva para futuras expediciones botánicas por los Pirineos; de hecho, en las páginas finales, da toda una serie de consejos logísticos ‒aprovisionamientos de comestibles y papel, guías, alojamientos, dinero, ... ‒ y recomienda variaciones sobre su itinerario. Pero la lectura es a la vez amena y está llena de descripciones variadas, detalles y anécdotas de los territorios por donde pasan. Relata sus visitas a algunos botánicos de los lugares por donde van, como el doctor Joan Francesc Bahí en Barcelona, ​​y los botánicos franceses aún vivos que habían ayudado a Lapeyrouse: Xatard, Coder y Marchand. Las peripecias también abundan: desaprovisionamiento de comestibles o falta de alojamiento, guías poco preparados, caminos dañados o directamente inexistentes, la experiencia de dormir una noche en Soldeu, ... pero leer el encuentro con el rector de Queralbs en el valle de Nuria no tiene precio. También es interesante la visión que da de Barcelona, ​​la Seo o el valle de Andorra ‒y en este caso también las disquisiciones que hace sobre la idiosincrasia de los andorranos‒, los controles aduaneros o alguna noticia sobre la reciente Guerra de la Regencia de Urgel. La visión del territorio que rezuma es la de un país seguro para los viajeros ‒en la Seo hay todavía un destacamento francés, probablemente una de las últimas guarniciones de los Cien Mil Hijos de San Lluís‒ pero con grandes diferencias entre el norte y el sur en cuanto a desarrollo e infraestructuras.

            En el viaje recolectaron 32.000 muestras de unas 1.200 especies. El catálogo, la primera obra botánica del autor, se publicó en octubre del año siguiente, y ya aparece lo que sería uno de sus rasgos diferenciales: no dar nada por bueno que no se haya comprobado previamente, citando siempre las fuentes y las localidades de origen de las plantas. De hecho, otro de los objetivos del viaje era confirmar la purga que A.P. de Candolle había hecho de la obra de Lapeyrouse; por ello, las facilidades que le dan Xatard, Coder y Marchand para estudiar sus herbarios o indicándole las localidades clásicas son importantes y muy agradecidas, pero es primordial la colaboración del hijo de Lapeyrouse, Isidore, que le da pleno acceso para estudiar el herbario de su padre.
En lo que se refiere a los Pirineos, esta obra de juventud representa el primer intento de un catálogo exhaustivo de un pedazo de la cordillera. La rigurosidad ‒nunca aceptó una cita ajena que no hubiera comprobado personalmente en campo o en herbario‒ y el gran prestigio que adquirió el autor con el tiempo, hizo que muchos de los botánicos que se acercaron más tarde siguieran muy fielmente sus recomendaciones. En parte por eso, muchos valles pirenaicos muy interesantes quedaron durante demasiado tiempo inexplorados botánicamente.

Más tarde, en 1833, George Bentham heredó el patrimonio de su padre y de su tío y eso le permitió dedicarse casi a tiempo completo a la botánica. En 1853 él y William Hooker cedieron el herbario ‒unos 100.000 ejemplares en el caso de Bentham‒ a los Royal Botanic Gardens de Kew, formando la base del herbario de Kew, hoy en día uno de los más grandes del mundo, con más de 7 millones de pliegos. Aquel año se integró también en el equipo de Kew y empezó a trabajar cinco días a la semana, hasta su muerte. Aunque antes ya había publicado monografías importantes sobre varias familias, muchas de ellas como parte del Prodromus ... de los De Candolle, ahora dará a la imprenta obras señeras: la primera flora de una parte de China ‒Flora Hongkongensis (1861)‒, la primera flora de un continente ‒Flora Australiensis (1863-1878), más de 8.000 especies en 7 volúmenes‒ y, sobre todo, Genera Plantarum (1862-1883), en colaboración con Joseph Dalton Hooker, donde agrupan más de 97.000 especies en unos 7.500 géneros y 200 familias y que representa el gran sistema de clasificación natural de las plantas con semillas, culminación de los trabajos de Jussieu y A.P. de Candolle. El llamado sistema de Bentham y Hooker ha sido el patrón de ordenación de muchos de los herbarios más importantes del mundo a lo largo del siglo XX. Y por lo menos 4 géneros de plantas, aceptados actualmente, corresponden a epónimos creados en su honor.

En el herbario de Kew se conserva aún el ejemplar que colectaron de Orchis globosa L. [actualmente Traunsteinera globosa (L.) Rchb.]. La especie no se ha reencontrado desde entonces y constituye el único testigo de la presencia de esta orquídea en los Pirineos. Yo, si a mediados de julio estoy cerca del puerto de Palheràs, procuro acercarme y dar una vuelta por sus prados. A pesar de todo, ¡la esperanza de reencontrarla aún existe! Aunque Bentham ya no publicó ninguna otra obra específicamente pirenaica, sí que regresó a los Pirineos y estuvo en la parte central de la cordillera donde no había llegado en 1825. Hay constancia de que en 1838 visitó el valle de Ossau, de donde describió Lithospermum gastonii, dedicado al pastor-botánico Pierrine Gaston-Sacaze, probablemente el primer guía botánico de los Pirineos y del que dice Bentham en el protólogo de dicha planta “... ubi detexit et cum cl. Benth. legit ingeniosus et indefessus pastor nomine Petr. Gaston.”.

George A. Walker-Arnott, por su parte, también publicó, en inglés, su relato de una parte del viaje, aunque sólo llega hasta la salida de Andorra. Apareció en la revista The Edinburgh New Philosophical Journal, por partes entre los años 1826 y 1829. El relato es más botánico, con numerosas disquisiciones sobre taxonomía, aunque se ocupa menos de los pormenores del trayecto. Pero esto ya es otro viaje (de) botánico!


George Bentham. Notice sur un voyage botanique fait dans les Pyrénées pendant l’été de 1825. p. 16-55. In: G. Bentham (1826). Catalogue des plantes indigènes des Pyrénées et du Bas Languedoc. Paris, chez Madame Huzard Imprimateur. 165 p. [Disponible en Biblioteca digital del RJB y en Gallica]